Por un segundo pensé que sería diferente. Había tenido un atisbo de esperanza y era por ésta que había suspendido mi muerte lo más que me fue posible, dándome la oportunidad de cambiar de idea, hasta hoy, hoy que he vislumbrado la tímida señal indicativa. La señal que aunque cambie de forma siempre sé que me guiará a morir.
Cada que he muerto he sido dirigida por lo mismo que lo hace hoy, el desborde de esa imperante necesidad de cerrar un ciclo.
Particularmente en esta ocasión, siento que no hay mucho más por hacer en esa vida la cual hoy quedará atrás. Lo que podía dar ya fue entregado. Ya no hay camino por andar o al menos yo ya no pueda seguir en él.
Y -por si acaso-. Yo hablo de una muerte simbólica y ajena a mis emociones.
Continuo siendo quien soy aún después de morir -que será al publicar esta entrada-, es allí donde radica el secreto. Mi secreto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario